Cuando yo era niño, tuve una experiencia que en filosofía llaman como el "Despertar espiritual".
Miré fijamente al espejo, pero después de un tiempo en el cual me estuve contemplando, ya no me reconocí. Veía al niño que estaba enfrente de mi como a un desconocido. Yo sabía que me estaba viendo, sin embargo, la imagen que yo veía podía yo reconocerla. Ese niño era distinto.
Al estar en este proceso de verme y tratarme de reconocer, yo me preguntaba Quién era realmente yo, quién era ese niño que veía en el espejo y qué estaba haciendo yo aquí.
Fue una experiencia tremenda para mi, entonces un niño de 8 años aproximadamente.
Desde entonces comencé una búsqueda. Buscaba sin saber qué.
Me acerqué a la literatura esotérica buscando respuestas. No sabía realmente qué es lo que estaba buscando, pero estaba seguro que cuando lo encontrara, sabría entonces lo que buscaba.
No creo haber encontrado lo que empecé a buscar desde mi infancia. Quizás un día lo encuentre.
Hubo otro evento en mi infancia que contribuyó en mi forma de pensar. Estaba yo estudiando el catecismo, por lo que para mi el mundo giraba alrededor de Dios. Sin embargo, un día en la escuela la profesora preguntó que si sabíamos de dónde veníamos. Yo por supuesto levanté la mano y muy seguro de mi mismo respondí: de Dios, él fue quién nos había hecho. La profesora me respondió que estaba bien, pero preguntó que si alguien más sabía otra respuesta. Yo quedé confundido, pues de acuerdo a mis clases del catecismo la respuesta era Dios. Pero un niño me dijo: por un lado es Dios, pero también somos el resultado de la evolución. En ese momento me volví incrédulo. Y mi sistema de creencias hizo incompatible la fe y la ciencia.
2 comentarios:
Buen trabajo, Salvador. La razón, yo diría, por ambos sucesos que menciones—tanto el de no saber qué buscabas (cuando te estabas buscando) y la de la religión versus la ciencia—es que quién tú eres es una identidad que está sobre la marcha, que está en cambio en todo momento.
Si miras la cuestión de cómo te sientes, tú sabes que eso puede cambiar en cualquier momento. Un momento te sientes contento, otro no. Pero eso es por prestar atención a lo que está fuera de ti, no a lo que quieres. Por eso yo planteo constantemente esa pregunta: ¿qué quieres? Porque conforme a eso, quedándote fiel a quien quieres ser, entonces es más fácil lograr cierta equanimidad, y cierta confianza, y cierta estabilidad... Como dije, buen trabajo. ¡Luego hablamos más! Hasta muy pronto.
Muchas gracias profesor por su respuesta.
Al leer su respuesta tuve una intensas ganas de llorar. Al darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Como siempre he dicho, salimos a buscar en el mundo al pájaro azul que está en nuestro jardín.
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